domingo, marzo 11, 2012

Narcissu

 
Al final, todos muertos. Algo así decía Keynes, el infame economista, cuando Hayek rebatía sus últimos argumentos.

La consciencia de la propia muerte es nuestra marca de humanidad. Nos empecinamos en olvidarlo, intentando encontrar la felicidad, quizá con razón. Con autoengaño o sin él, la muerte está ahí, es inevitable. Lo único que nos separa de la desesperación es verla lejos, tan lejos, allá en la vejez.

Cuando uno la tiene encima, y lo sabe, todo es vano. Ya nada tiene propósito, solo queda experimentar, sin placer, y enfrentarse con valentía al final. No es un camino fácil, ni hay nadie en verdad tan valiente. Lo mejor es no pensar, animalizarse. ¿Quién puede no pensar?


Narcissu es una historia honesta, sin final feliz. Es un recuerdo de lo absurda que resulta nuestra existencia. Se contraponen dos formas de enfrentarse a la muerte inminente, una abatida, que acepta lo inevitable, y otra inconsciente, vivaz, sin voluntad de morir. La segunda casi parece una burla.

Todos hemos soñado con nuestra propia muerte. Como he dicho al principio, es lo que nos define. Verlo plasmado de forma tan cruda es doloroso y triste. Y bonito. Uno solo puede sentirse mal viendo esto si desea con ganas estar vivo. Y es paradójico que sean productos como este los que hagan merecer la pena la existencia.


En fin, las traducciones inglesas, hay tres en total, son muy buenas, muchísimo mejor que el KS aquél. De todas formas, en unos meses haré una buena traducción al español, para los que no se apañen. Ya habrá noticias.

Nada más, la cama me reclama,

http://narcissu.insani.org/